Remo #07 | No odiamos lo suficiente a ¿Manuel Belgrano?
20-JUN-2026 | En tiempos en que desde las más altas esferas del poder se esgrime la consigna del "No Odiamos Lo Suficiente A Los Periodistas" (NOLSALP), es bueno recordar que Manuel Belgrano también fue periodista. A fines del siglo XVIII, al llegar al Río de la Plata, desarrolló una intensa labor vinculada a la prensa y a la circulación de las ideas. Lo hizo en una época en la que el periodismo recién comenzaba a abrirse paso en estas tierras y constituía una herramienta fundamental para la formación del sentimiento patrio.
El periodista que la historia oficial relegó
La discusión sobre quién fue el primer periodista argentino tiene varios candidatos. Numerosos autores sostienen que ese título corresponde al español Antonio Cabello y Mesa, director del Telégrafo Mercantil, o al argentino Juan Hipólito Vieytes, director del Semanario de Agricultura, Industria y Comercio. Sin embargo, investigadores como el Dr. César Díaz, Licenciado en Historia y Doctor en Comunicación, sostiene con sólidos argumentos y testimonios de época que Belgrano ejercía el periodismo desde el último lustro del siglo XVIII, antes que cualquiera de aquellos.
En 1794, Belgrano regresó al Río de la Plata con el cargo de Secretario vitalicio del Real Consulado. Traía, entre otras tareas, un encargo periodístico concreto: el ministro español Diego De Gardoqui le había requerido el envío mensual de noticias sobre el estado de la agricultura, artes y comercio del virreinato para publicarlas en el Correo Mercantil de España y sus Indias.
Su trabajo era tan sólido que en la redacción del Correo Mercantil de España y sus Indias los materiales llegados desde Buenos Aires recibían pocas correcciones. Fue uno de los promotores del Telégrafo Mercantil, el primer periódico impreso rioplatense, poniendo a disposición el archivo y los materiales recibidos desde los puntos más alejados del virreinato. También colaboró de forma anónima en el primer número del Semanario de Vieytes.
La red de corresponsales y los periódicos
Para cumplir el encargo periodístico, Belgrano desplegó una estrategia notable: desde su función en el Consulado ideó una red de corresponsales en toda la región. Las sedes serían los puntos donde existieran funcionarios de la institución, quienes tendrían también como tarea girar informaciones a Buenos Aires. Una vez recibidas, Belgrano las reelaboraba periodísticamente, porque provenían de funcionarios acostumbrados a redactar documentos formales y no textos para ser impresos en un periódico.
Durante sus años de formación en Europa había observado el papel que cumplían los periódicos modernos en la difusión de ideas y fue testigo de los mecanismos de censura que acompañaron distintos procesos políticos, entre ellos los derivados de la Revolución Francesa. De regreso en el Río de la Plata, encontró en la prensa el espacio para intervenir en los debates de su tiempo.
Su nombre quedó finalmente unido a la dirección de un periódico propio: el Correo de Comercio, publicado entre 1810 y 1811. En una de sus ediciones, el 24 de enero de 1810, escribió: "No entraremos a manifestar la necesidad y utilidad de los periódicos, porque éstos son puntos demasiado ventilados y en que no hay persona que tenga sentido común que no esté de acuerdo, de resultas de lo que la experiencia ha demostrado en todas las naciones que han sabido aprovecharse del feliz descubrimiento de la imprenta para semejante objeto."
El periodismo como herramienta política
Para Belgrano, el conocimiento debía circular y llegar a la sociedad. Por eso otorgaba una enorme importancia a la imprenta y a los periódicos. Tras la Revolución de Mayo fue designado vocal de la Junta Protectora de la Libertad de Imprenta, organismo creado para garantizar la libre circulación de ideas.
La tarea periodística nunca la abandonó, ni siquiera en el campo de batalla. Durante las campañas militares continuó escribiendo y en 1818, ya como general en el frente, editó el Diario Militar del Ejército Auxiliador del Perú. El periódico circulaba de mano en mano entre sus soldados con una intención doble: que la tropa se informara y que aprendiera a leer.
Belgrano entendía el periodismo como lo que es: una herramienta para la circulación del conocimiento, la formación de ciudadanía y la construcción de una sociedad más justa. En tiempos en que se instala el odio al periodismo como consigna política, vale la pena recordar que uno de los hombres que más hizo por este país también eligió la pluma.
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